Dos grandes eventos han marcado el último bimestre en Perú en la agenda mype. En primer lugar, el Foro Interamericano de la Microempresa y, en segundo lugar, el CADE de Emprendedores.
Si hay algo que queda claro de lo tratado en ambos es que el desarrollo en materia de políticas públicas de promoción de la mype en el Perú todavía es, por un lado, desigual y, por el otro, bastante distante del dinamismo del sector al que precisamente debería atender.
Es desigual porque mientras resulta claro que, por ejemplo, en los ámbitos financiero (crédito y seguros) y tecnológico (telefonía móvil, Internet, entre otros) la oferta de soluciones para los negocios de la mype es diversa y accesible (aunque todavía costosa); existen grandes temas que a pesar de tener varias décadas en discusión todavía tienen poco que mostrar en términos de efectividad. ¿Cómo conseguir que los pequeños negocios se integren y mantengan dentro del circuito formal? ¿Cómo hacerlos partícipes de la globalización? ¿Cómo propiciar que se redibuje la estructura productiva del segmento para explotar de mejor manera el potencial del país?
¿Qué nos pueden enseñar las experiencias exitosas en los ámbitos financiero y tecnológico?
Las razones más importantes por las que ha sido posible un éxito tan notorio en el ambos ámbitos son tres:
a) La primera es que su desarrollo ha estado en manos del sector privado − no del Estado ni de la academia − y, quizás por eso, no ha sido afectado por pugnas ideológicas o políticas inútiles.
b) La segunda es que en ambos segmentos los operadores tienen un conocimiento profundo de sus productos y cómo estos pueden afectar positivamente la gestión del sector MYPE.
c) La tercera es que en ambos segmentos la inversión requerida para generar impacto ha sido considerable. Con un presupuesto exiguo, el sector privado no habría podido tener éxito en el sector MYPE.
¿Qué características podrían adoptar las políticas de promoción de la MYPE para incrementar sus posibilidades de éxito?
En el caso de las políticas públicas para la MYPE, desde El Otro Sendero prácticamente no ha surgido ninguna iniciativa alternativa que promueva un mayor entendimiento de la realidad de la MYPE, se ha invertido muy poco y se ha perdido el tiempo en debates ideológicos o políticos. El resultado es que todavía se habla mucho de lo mismo y se soluciona todavía muy poco.
Contra esto, es preciso invertir en diseñar e implementar intervenciones pragmáticas con un mayor conocimiento del terreno que se pisa.
Quizás el mérito más grande del último quinquenio sean las apuestas por conectar a la MYPE con los mercados externos y por promover la asociatividad. Sin embargo, todavía el éxito se reduce a programas piloto: no está a la vista todavía una política sistemática que permita una incorporación masiva de la MYPE a la economía formal.
La participación transparente de la mediana y gran empresa en la implementación de las políticas puede convertirse, sin duda, en un amplificador de impacto importante.
El Gobierno también podría darle coherencia a su interacción con la MYPE, adoptando un único mensaje y no confundiendo con, por un lado, acciones "promotoras" de algunos ministerios que tratan de acercarse a los pequeños empresarios; y, por otro lado, con aproximaciones más invasivas de entidades como la SUNAT.
Es crucial tener en cuenta que un segmento tan dinámico requiere el soporte institucional de un Sector Público informado, flexible, eficiente: que coordine y coopere a su interior y con el sector privado.
Solo de esta manera se podrá tener capacidad de respuesta ante los diversos hechos que pueden afectar a la MYPE y que exigen una acción estatal responsable y efectiva.
El tema del momento: el caso de Gamarra
Gamarra y las más de 400 mil personas que dependen de su actividad manufacturera están actualmente siendo golpeados duramente no solo por la desaceleración económica del país sino también por un masivo ingreso de textiles y confecciones de China.
El tema de la protección a las importaciones ha sido puesto nuevamente en discusión: se ha planteado la posibilidad de aplicar salvaguardias a los productos textiles de China. Se argumenta que mientras que un kilo de prendas chinas cuestan US$ 11, el valor de la misma cantidad de prendas peruanas cuesta US$ 38; y que, en estas condiciones, es imposible competir para los productos peruanos.
Independientemente de que la solución planteada guste o no, esta es una excelente ocasión para abandonar posturas ideológicas y actuar rápido para asegurar que la industria textil de Gamarra no solo pueda encarar la competencia de los productos chinos sino que además pueda florecer aún más y alcanzar nuevos nichos de mercado.
¿Por dónde empezar?
En primer lugar, en el corto plazo, Indecopi debe analizar técnicamente la existencia o no de prácticas de dumping y debe actuar en concordancia. Este es un tema técnico que no debería politizarse. Igualmente, Aduanas y el Ministerio Público deben reforzar sus acciones contra el contrabando.
En segundo lugar, pensando en el mediano y largo plazo, el Estado debe apoyar no solo en Gamarra sino en los sectores en los que existe más potencial la inversión con intervenciones específicas en investigación y desarrollo, los únicos aspectos que asegurarán la sostenibilidad de industria peruana en el mundo globalizado. En el ínterin, reducir al máximo los sobrecostos que enfrentan las empresas y dotarlas de la información necesaria para su toma de decisiones también contribuiría enormemente a aligerar la carga de las empresas y a facilitarles la identificación de nuevas oportunidades de negocios.
La MYPE en Perú ha resistido amenazas mucho más prolongadas y agudas que las que hay se ciernen sobre ella. Eso no está en discusión. Lo que es indispensable plantearse como país es cómo conseguir que la MYPE en Perú deje de ser un instrumento de auto subsistencia y comience a sostener la creación masiva y acelerada de prosperidad del país tal como lo hace en diversas economías modernas. Solo así el país podrá cumplir con su objetivo de ingresar en el exclusivo club de países de altos ingresos.
Luis Triveño