IDEAS
El poder de la ropa y Michelle Obama

Como señala Vanessa Friedman en una ilustrativa nota en The New York Times, este documento capta un momento clave en la evolución del papel de la primera dama, cuando la ropa se usó para comunicar y se convirtió en parte oficial del trabajo. Para ello, trabajó con una estilista, Meredith Koop, que la ayudó a definir la estrategia visual de la primera dama en cada ocasión.
Se trabajó con diseñadores estadounidenses que representaban a todos los bandos del país y que, además, no eran muy conocidos. El mensaje era "que iba a defender a personas y voces y talentos que muchas veces se pasaban por alto, pero que representaban la moda estadounidense que se quería mostrar al mundo".
Los criterios para elegir cada look también incluían proyección diplomática, mostrar respeto, accesibilidad y que al mismo tiempo le permitiera moverse, abrazar y que fuera invulnerable al maquillaje. Los trajes que eran muy costosos alguna vez fueron obsequios de diseñadores que luego pasaron al archivo nacional o a una biblioteca presidencial, pero nunca a su armario.
Michelle Obama habló no solo a través de sus discursos, sino también de la ropa que vistió y puso en evidencia que algo que para algunos puede ser trivial, puede ser políticamente poderoso.
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